La periimplantitis es un proceso destructivo inflamatorio que afecta a los tejidos blandos y duros alrededor de los implantes, pudiendo llegar a la pérdida del implante. Hay que distinguir entre mucositis y periimplantitis:

–           Mucositis periimplantaria: cursa con la aparición de cambios inflamatorios que se hallan limitados a la mucosa que rodea al implante. No hay  pérdida ósea, y se trata de un proceso reversible mediante un tratamiento adecuado.

–            Periimplantitis: se define como un proceso inflamatorio que afecta a los tejidos que rodean al implante y que resulta en una pérdida de hueso periimplantario detectada radiográficamente combinado con una lesión inflamatoria rodeándolo con supuración y sondajes más profundos a 6 mm en implantes sometidos a carga; el proceso comienza en la zona coronal mientras la periapical permanece integrada.

Las lesiones en los tejidos blandos alrededor de los implantes son potencialmente más peligrosas que con respecto a los dientes ya que tienden a extenderse apicalmente con mayor facilidad hacia el tejido óseo periimplantario.

¿Por qué se produce? Se ha visto que los pacientes con enfermedad periodontal (o piorrea) tienen mayor predisposición a padecerla, debido a la microbiología asociada a estos casos. El otro factor importante en su etiología es la sobrecarga oclusal, tanto en sentido axial como las fuerzas laterales. Pero también hay otros factores de riesgo que influyen en su aparición y evolución como:

  • Hábitos tabáquicos.
  • Calidad ósea.
  • Factores sistémicos.
  • Higiene oral.
  • Riesgos ocasionados por trauma quirúrgico.
  • Contaminación bacteriana durante la inserción.
  • Mala distribución de las fuerzas que generen sobrecarga.
  • Tipos de superficie del implante ( no todos los implantes son iguales).
  • No adecuada estabilidad primaria…

La periimplantitis se puede observar clínicamente por:

– Presencia de placa bacteriana y calculo alrededor del implante.

– Edema y enrojecimiento de tejidos marginales.

– Aumento de la profundidad de sondaje y ligero sangrado y o supuración tras el mismo.

– Destrucción ósea vertical en relación con la bolsa periimplantaria.

– Presencia radiológica de reabsorción ósea.

– Persistencia de dolor y malestar.

– Movilidad del implante (en la fase final)

Es importante su detección y tratamiento en las fases inciales (1 ó 2), porque cuando avanza el pronóstico acaba siendo sombrío y puede terminar en la extracción del implante.

Por todo esto es importante una selección adecuada de la técnica y de los materiales a emplear que minimice los riesgos de una pérdida a corto o medio plazo del implante. Así mismo, el mantenimiento de los implantes y de las prótesis que soportan se debe realizar en casa de forma meticulosa y en la clínica dental al menos cada 6 meses, para evitar así el crecimiento de bacterias agresivas que hagan perder hueso en nuestros implantes.