Hay experiencias que resultan difíciles de describir con palabras: notar que el café de cada mañana sabe a metal, que la fruta tiene un regusto amargo, o que sientes un sabor persistente aunque no hayas comido nada. Si algo así te ha ocurrido, es posible que estés experimentando disgeusia, una alteración del sentido del gusto más frecuente de lo que parece y que merece atención cuando se prolonga en el tiempo.
¿Qué es la disgeusia exactamente?
La disgeusia es un trastorno sensorial que provoca una percepción alterada del gusto. Quien la padece no pierde completamente la capacidad de saborear, sino que experimenta los sabores de forma distorsionada: lo dulce puede saber amargo, lo neutro puede resultar metálico, o puede aparecer un sabor desagradable constante sin ningún estímulo alimentario que lo justifique.
A diferencia de la ageusia —que implica la pérdida total del gusto— o de la hipogeusia —que supone una reducción de la sensibilidad gustativa—, en la disgeusia el sistema gustativo sigue funcionando, pero transmite información incorrecta. Es, en cierto modo, como una señal de radio que llega distorsionada.
Este trastorno puede ser temporal, asociado a una infección o a un medicamento concreto, o mantenerse durante semanas e incluso meses cuando su causa subyacente no se identifica ni se trata. En cualquiera de los dos casos, conviene no ignorarlo.
Causas de la disgeusia
El gusto es un sentido complejo que depende del buen funcionamiento de los receptores gustativos de la lengua, de las vías nerviosas que conectan con el cerebro y del entorno bucal en general. Cualquier alteración en alguno de estos puntos puede desencadenar disgeusia.
Infecciones víricas
Resfriados, gripe o infecciones como el COVID-19 pueden afectar temporalmente al sentido del gusto. Estos virus inflaman las vías nerviosas encargadas de transmitir las señales gustativas al cerebro o dañan directamente las células de los receptores de la lengua. En la mayoría de los casos el trastorno es reversible y desaparece una vez superada la infección, aunque en algunos pacientes post-COVID la alteración puede prolongarse durante semanas o meses.
Carencias nutricionales
La falta de zinc, hierro o vitamina B12 está directamente relacionada con alteraciones del gusto. El zinc es el nutriente más implicado: es esencial para la renovación y el correcto funcionamiento de los receptores gustativos, y su déficit es una de las causas más frecuentes de disgeusia en adultos mayores y personas con dietas restrictivas. La carencia de hierro y vitamina B12, por su parte, afecta al sistema nervioso periférico que procesa y transmite las señales del sabor.
Alteraciones hormonales
El embarazo, especialmente durante el primer trimestre, es uno de los momentos en que la disgeusia aparece con más frecuencia. Los cambios hormonales modifican la sensibilidad de los receptores gustativos y pueden provocar aversión a ciertos alimentos o un sabor metálico persistente. La menopausia genera alteraciones similares por la caída de estrógenos, mientras que los problemas tiroideos —tanto el hipotiroidismo como el hipertiroidismo— pueden distorsionar la percepción del gusto al alterar el metabolismo celular de los tejidos sensoriales.
Enfermedades crónicas
La diabetes no controlada puede dañar los nervios periféricos responsables de transmitir las señales gustativas, provocando lo que se conoce como neuropatía gustativa. El reflujo gastroesofágico genera un ascenso de ácido gástrico que irrita la mucosa oral y produce un sabor amargo o ácido constante, independientemente de lo que se haya comido. Otras afecciones como el Parkinson, la esclerosis múltiple o la insuficiencia renal también figuran entre las causas sistémicas de disgeusia, ya que afectan a las vías neurológicas implicadas en el procesamiento del gusto.
Medicamentos
Numerosos fármacos de uso habitual incluyen la alteración del gusto entre sus efectos secundarios. Los más frecuentemente implicados son ciertos antibióticos —como el metronidazol o la claritromicina—, los antihipertensivos, los antihistamínicos y los medicamentos para el tiroides. Los tratamientos oncológicos, especialmente la quimioterapia y la radioterapia aplicada en la zona de cabeza y cuello, son especialmente agresivos con los receptores gustativos y pueden provocar una disgeusia prolongada que persiste durante y después del tratamiento.
Señales de que podrías estar experimentando disgeusia
Identificar la disgeusia no siempre es inmediato, porque sus manifestaciones varían de una persona a otra. Estas son las más habituales:
- Sabor metálico, amargo o ácido que aparece de forma espontánea y no desaparece.
- Sensación de que los alimentos han cambiado de sabor sin razón aparente.
- Sabor desagradable persistente incluso después de cepillarse los dientes o usar enjuague bucal.
- Pérdida de interés por comer o reducción del apetito como consecuencia del trastorno.
- Combinación con alteraciones del olfato, lo que intensifica la distorsión sensorial.
Si reconoces alguno de estos síntomas y llevan más de dos semanas sin desaparecer, es el momento de consultarlo con un profesional.
Tratamientos de la disgeusia
La buena noticia es que, en la mayoría de los casos, la disgeusia mejora o desaparece cuando se identifica y trata la causa que la provoca. No existe un protocolo único, porque el tratamiento depende completamente del origen:
- Si hay enfermedad periodontal o infección dental, el tratamiento odontológico —raspado, tartrectomía o resolución de la infección— suele eliminar el trastorno del gusto en pocas semanas.
- Si la causa es nutricional, la suplementación adecuada restaura los niveles deficitarios y con ello la percepción gustativa normal.
- Si el origen es farmacológico, el médico puede valorar cambiar la dosis o la medicación.
- En caso de xerostomía, mejorar la hidratación, utilizar sustitutos salivales y ajustar los hábitos de higiene oral puede marcar una diferencia notable.
La clave, en todos los casos, es no normalizar un síntoma que el cuerpo está usando para decirnos que algo no funciona bien.
¿La disgeusia afecta también al olfato?
En algunos casos, sí. El gusto y el olfato son sentidos muy interrelacionados: alrededor del 80% de lo que percibimos como sabor depende en realidad del olfato. Cuando ambos sentidos se ven afectados simultáneamente, la distorsión sensorial es mucho más intensa y el impacto en la calidad de vida, mayor.
¿La disgeusia puede ser un síntoma de algo grave?
En la mayoría de los casos tiene causas benignas y tratables. Sin embargo, en determinadas situaciones puede ser una señal de afecciones neurológicas, tumores en la cavidad oral o problemas sistémicos más complejos. Por eso es importante no ignorarla cuando persiste más de dos o tres semanas sin causa aparente.
¿Los niños también pueden tener disgeusia?
Sí, aunque es menos frecuente que en adultos. En niños, las causas más habituales son las infecciones víricas, las carencias de zinc y, en algunos casos, ciertos medicamentos. Si un niño refiere que los alimentos le saben raro de forma persistente, conviene consultarlo con el pediatra o el odontólogo infantil.
Conclusion
En muchos casos, la disgeusia es la primera señal visible de un problema dental o periodontal que aún no ha dado otros síntomas. Un paciente que acude a la clínica refiriendo un sabor metálico persistente puede estar, sin saberlo, en las fases iniciales de una enfermedad de encías, una infección dental silenciosa o una mucositis asociada a una prótesis mal ajustada.
Por eso, en Clínica Dental Crooke & Laguna valoramos este síntoma con la misma atención que cualquier otro. Nuestro equipo de especialistas en periodoncia, implantología y odontología general realiza una exploración completa para identificar si el origen es bucal, derivar al especialista correspondiente cuando es necesario, y aplicar el tratamiento más adecuado con el mínimo impacto posible.
Contamos con clínica dental Málaga, Marbella, Churriana y Campo de Gibraltar, donde puedes solicitar una primera visita si llevas tiempo con este problema sin una respuesta clara.

